El refugio

*A todos los habitantes se les sugiere que no apaguen las radios y se mantengan atentos a nuevos avisos. También se les ruega que no se alejen de sus refugios*

Tom contemplaba su refugio con gran fascinación, les había quedado implacable. Miro la puerta de su pequeña casa, luego al refugio y otra vez a la puerta. Vio a su padre acercarse a la radio en la mesita, aumentar y dirigirse a la cocina. Su casa era tan pequeña que desde la puerta de la casa podía ver la sombra en la cocina. Cuando Tom pasó silenciosamente por la puerta hacia la entrada sintió esa sensación de calidez que siempre inundaba su casa. Miro la radio. “Reiteramos por la alerta de bombas a todos los habitantes que se les sugiere que no apaguen las radios y se mantengan atentos a nuevos avisos. También se les ruega que no se alejen de sus refugios” repetía la radio cada 3 minutos y tom siempre escuchaba. Sintió el sonido de la pava contra la hornalla, y el ruido de los platos en la bacha, cuando se acercó al umbral de la cocina el olor a aceite caliente y detergente entró en sus fosas nasales. Divisó a su papá tratando inútilmente de limpiar y acomodar la cocina sin siquiera notar su presencia, muy pocas veces había alguien que hiciera eso.

-Papá ¿puedo entrar al refugio? – la pequeña voz asustó al hombre quien casi tira el plato.

-¿Tom? ¿que estas haciendo acá? pensé que ya estabas en el refugio, claro que podes entrar – su tono y sus acciones eran nerviosos

-¿Y mamá ya va a venir?

El hombre se alteró más y trató torpemente de sacar la pava del fuego pero casi se quema en el intento y solo apago la hornalla.

-Si, ya va a venir Tomi, ahora entra al refugio – contestó casi distraído con su mirada hacia la ventana.

Tom salió corriendo con una radio comunicador y se metió por la pequeña puerta marrón dentro del refugio. Se quedó quieto por lo que le pareció una hora  en absoluta calma. Ni siquiera afuera había ruido y esto era raro ya que aun estando dentro se debería sentir algo.

Pero cuando Tom hizo el intento de abrir la puerta, un fuerte viento la cerró de un golpe y el ruido y los gritos invadieron rápidamente el aire. Algo atoraba la puerta y la hacía imposible de abrir. Tom intentó taparse los oídos, pero era un niño tan valiente que no podía rendirse, entonces con una lágrima en los ojos y un  grito en su boca golpeó la puerta con toda su fuerza: uno, dos, tres, cuatro, cinco… hasta que el silencio sepulcral dominó nuevamente sus oídos, y la puerta se abrió fácilmente.

A fuera olía a ausencia. Le había preguntado muchas veces a su mamá como era la nada.

-No lo se – le contestó pensativa y extrañada una vez – pero cuando lo descubras avísame.

Tom pensó que esta era una gran forma de describir cómo era, como si alguien hubiera plasmado en una obra a la perfección esas extrañas sensaciones de la nada, ausencia y  vacío. Y por un segundo deseo que ella estuviera ahí para decirle que ya lo descubrieron, y que no le gustaba para nada.

Fue hasta la cocina de su casa, la cual encontró vacía, parecía como si su papá se hubiera ido de la nada: los platos estaban a medio lavar, la pava todavía en la hornalla apagada y el agua corriendo era el único ruido. No hacía ni frío ni calor, ya no había aroma ni a aceite caliente ni a detergente. El sol que iluminaba la la habitación seguía iluminando pero parecía que los rayos de luz no traspasaba las ventanas, parecía como si estuviera oculto por las nubes, pero no había nubes en el cielo.

Valiente, como Tom lo era, imito a sus héroes de películas y salio a la calle en busca de ayuda. Tenía miedo, sí, pero nunca lo admitiría, por lo que cuando no encontró ni a un ser vivo en la calle, reprimió su pánico.

-¡HOLA! ¿HAY ALGUIEN AHÍ?- gritó como había visto hacer a los protagonistas cuando se encontraban solos en un lugar desierto, pero nadie le contestó, nada apareció.

Corrió con un terror único pisándole los talones, corrió hacia el refugio. Una vez dentro cerró la puerta y con la radio en mano intentó inútilmente comunicarse con alguien – Por favor ¿alguien está ahí? ¿alguien con vida? – repitió esto muchas veces pero nadie le contestó, solo el silencio.

Dejó la radio al costado, junto sus rodillas a su cara lo mas que pudo, y las abrazó mientras lloraba. Ya no quería ser valiente, el terror lo encontró.

De repente algo movió el refugio, el techo y la puerta se elevaron y pasaron por su cabeza terminando en un amontonamiento de paredes a su lado.

-Bueno Tom, eso si es mucho cartón, vamos a tener que llevarlo a reciclar – su padre se encontraba a su lado mirándolo con sus ojerosos pero dulces ojos.

Al verlo hecho un bollo se arrodillo para abrazarlo, un abrazo tierno y eterno. Tom se sintió protegido, y pensó que ese era una gran forma para describir el todo.

-Todo va a estar bien – le susurro al oído – vamos a estar bien – lo ayudó a levantarse, y de la mano pasaron junto al destruido refugio y entraron a la casa.

Cuando llegaron a la cocina se sentó en la mesa y su padre sirvió la comida. Había solo dos platos en la mesa, pero a Tom no le pareció que su papá se hubiera equivocado. Noto una mezcla de aromas que se chocaban y peleaban por hacerse presentes. También sintió el calor que desprendía la cocina, y si bien era de noche, se podía distinguir como nunca la enorme luna llena y las estrellas.

Tom no volvió a preguntar por su Mamá.

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